miércoles, 5 de octubre de 2011

Historias Mínimas

LA SEQUÍA


Agustín parece un árbol seco. Uno mas entre tantos. Quizá un álamo. Flaco alto.
Pasa horas mirando la línea del arroyo, con los ojos sedientos. Los puños apretados.
La boca amarga.
Avanza cansado.
El rancho. Una vaca, dos gallinas, una tropa de perros.
Doblega el cuerpo hasta recostar la espalda en la pared reseca.
Ni un asomo de lluvia. Una mínima caricia de aire que lo acompañe. No es la primera vez que la sequía lo atormenta.
Cada tanto un amague. Un rayo que alborota. Chámusque de pastos. Dias largos de sol a sol esperanzado.
Pero después llegaba el momento del cortejo.
La lluvia mezquinaba detrás de alguna nube ofertando esperanzas. Al fin como dos que inician el amor, la tierra es fecundada, la semilla se abre, nace el brote. Renace la cosecha.
Pero esta vez la sequía lo aplasta. Lo rodea. Le roba la esperanza.
A sus pies los perros distraen la modorra, ladrándole a una víbora ciega, que escapa de los picotazos de la bataraza.
Se decide. Con pena, estira el cuello emplumado.
La gallina va a parar a la olla. Con agua del aljibe y unas pobres papas arrugadas y algún requecho olvidado. La olla canta.
Los perros olfatean la fiesta.
Agustín manotea la botella de ginebra de entre las deshilachadas cañas del alero. Los tragos le raspan la garganta. Prepara el mate con yerba que se seco al sol.
Mastica unos bocados. No tiene hambre.
Solo sed, en la piel y las entrañas. Los ojos lloran lágrimas de tierra.
Al este y al oeste duele el cielo sin nubes.
Reparte la comida entre los perros. Suelta la vaca, trata de espantarla, que busque un rincón, algún manojo de pasto. Una esperanza. La vaca sigue allí masticando la nada.
Prueba la soga en el horcón del medio. La mirada acecha el milagro esperado.
Desfila ante su pena, la infancia, los bailes del pueblo. La compañera.
Se pierde en el camino del recuerdo. Sopla una pluma bataraza que se prendó de su tristeza.
A lo lejos, el rayo anuncia. Las nubes gordas llegan tarde.
Indulgente, la lluvia cierra los párpados cansados.

2 comentarios:

  1. QUE MARAVILLOSO RELATO DE CAMPO.
    ME HACE ACORDAR A MIS ANTEPASADOS, A LA NOVELA QUE ESCRIBÍ EN HONOR A ELLOS. ESOS TIEMPOS DE LUCHA, DE ESPERAR LA LLUVIA PARA RECOGER LOS SEMBRADOS, ESA TRISTEZA PORQUE LA NATURALEZA NO DABA PASO AL ALIVIO.

    ME ENCANTO QUERIDA AMIGA.

    PD GRACIAS POR DESEARME ALEGRIAS, ME ESTÁN HACIENDO FALTA.

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  2. Gracias por pasarte por mi orilla y dejarme unas palabras. Gracias por gustarte la historia de Roy y Silo.
    He leído tu relato "La sequía". Muy descriptivo y visual. Con un toque de tristeza, de desesperanza al final.
    Volveré a tu espacio para seguir leyéndote.
    Un abrazo de Mos desde mi orilla.

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