miércoles, 31 de agosto de 2011

De Todo Como en Botica...

Los Brotes

Estamos en el mes de julio para ser exactos: 25 de julio del 2006.
Seis de la mañana. Subo al colectivo. Espero un asiento. Le ruego le imploro a
Santa Bárbara que mande una tormenta. Le pido a Santa Rita madre de los
imposibles que abra una ventanilla.
Primavera en invierno calor, pegajoso, húmedo.
Aunque no lo crean. Esta mañana aluciné. Creí que entre los dedos de los pies
tenía musgo.
Las Santas no me oyeron. Sigo prisionero en este colectivo de ventanillas
cerradas y asientos ocupados, transpirando como en el mes de enero.
La señora sentada en el primer asiento tiene una hojita de ruda naciendo en la
verruga.
Prueba que el calor nos vuelve locos: la rubia increíble me mira hipnotizada.
!Ma, sí! Yo la miro. Total, mi mujer no está.
A la rubia le nació un trébol de cuatro hojas sobre el labio y no deja de mirarme
porque de mi oreja brota una rama de laurel.
Ese fue el principio
Al llegar a la oficina el pánico era general. La secretaria tenía entre los senos
una plantita de mimosas ¿Conocen la mimosa? Es una planta que cuando uno
toca las hojitas estas se cierran. ¿Se imaginan? Hacían cola para tocarle
las mimosas.
Al jefe le toco bailar con la más fea. No podía sentarse porque le estaban
saliendo unas ramitas de pino de sus partes privadas.
Los días pasaban. El calor continuaba. La vegetación crecía.
En el colectivo, ya no sabíamos que hacer la rubia estaba tapada de tréboles.
Más de uno quería contarle las hojas.
Mi ramita de laurel ya es un arbusto, tanto que cuando voy a la plaza me
siguen una pareja de gorriones, seguro que quieren hacer nido. Un gato callejero
no pierde pisada. Se relame pensando en los pichones.
El problema es con el morocho que sube en la Márquez. Al pobre le creció un
rosal y todos le escapan.
De seguir la falsa primavera va a ver muchos divorcios.
Mi jefe sigue sin sentarse. A la secretaria las hojitas de mimosas le sientan
bien.
Domingo día de guardar, mi mujer me sentenció a dormir en el cuarto de
planchar. Mis ramas le molestan.
Hoy me siento un poco mustio, cuando abro la ventana me doy cuenta del
porqué. En las veredas todavía quedan restos de la primera helada de este
invierno.
Al salir a la calle me cruzo con las ramas de ceibo de Don Juan. En la plaza el
gato no me mira. Los gorriones se fueron con el nido a una cornisa.
Hace frío y tengo miedo de pisar en la calle los restos de vecinos.
No quiero pensar en el lunes. Otra vez solitarios. Ansiosos por ganar un
asiento.
Otra vez la oficina. El jefe con cara de maceta sin pino.
Como voy a extrañar las mimosas de la secre…


2 comentarios:

  1. Ahh, pero está re original, Dolores. Me encantó la hipervegetación de la gente y el tono simpático con que está contado el relato. Se disfrutó la lectura.

    Un abrazo grande

    ResponderEliminar
  2. Creatividad verde!!!

    Un jardìn en el colectivo...que bueno serìa!

    Hermoso relato.

    un abrazo.

    ResponderEliminar

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