martes, 5 de julio de 2011

El inolvidable vestido verde.

Dolores Fernández.

Una y otra vez surge la pregunta. No hay hombre en la faz de la tierra que se haya salvado de ella.
-¿Como fue? Y todos hemos inventado más de diez respuestas.
Ahora, es tu cara pícara la que me enfrenta y entre risas nerviosas preguntas.
-¿Cómo fue?
Quisiera contarte una historia que me deje bien parado delante de tus quince años.

Fue una tarde de verano, pesada caliente. Las cigarras cantaban su monótona canción.
Como todo chico en vacaciones daba vueltas y vueltas por las calles del barrio. La bici
ya era una prolongación de mi cuerpo.
En la vigésima vuelta me encontré con mi primo Juan, tres años mayor que yo,
protector y simpático. Hablamos de chicas y el comprendió.
En una calle perdida de un barrio de casas humildes, estaba instalado un bolichito donde se vendía desde pan a carbón. Detrás, del mostrador, una mujer con vestido verde, la cara roja y un gran cuerpo; "gran" de grande, enorme.

-U n momento despacho a la señora y ya voy. Entregó la bolsa de carbón y vino hacia nosotros limpiándose las manos en el vestido.
-De a dos, es otro precio.
Juan contestó canchero:
-Es para él.
Tuve ganas de escaparme; la mujer era una bruja transpirada, lo menos parecido a Susana Romero (la modelo de mis sueños).
La pieza era oscura y olía a perfume barato. No sé en que momento aterricé en una cama quejumbrosa. Con vergüenza, Juan oiría todo. La mujer maniobró rápidamente y en segundos me sentí como pollo a la parrilla. El vestido abierto dejaba ver la piel blanca y sudorosa.
Ni un soplo de aire refrescaba el cuarto.
No supe cuando crucé la línea. Más que placer me pareció un desmayo.
Con movimientos dignos de una karateca se dio vuelta y me encontré debajo, apoyado en un elástico que se clavaba en mi espalda. Ante mis ojos una masa blancuzca con una punta oscura me apuntó al ojo izquierdo. Cerré los dos. Muerto de miedo.
Dos sacudones amenazaron con tirarme al piso. Escuché una risita ridícula y la mujer se acomodó sus colgantes atributos dentro del vestido verde.
Levantó los brazos y se olió a conciencia.
Me animé a moverme. Me sentía partido en dos.
Cuando logré acomodar mis huesos, bajé de la cama, olvidé, que tenía los pantalones enrollados alrededor de los tobillos. Terminé en el suelo revolcado y asustado. Esperaba las bromas de Juan, pero él estaba totalmente dormido. Sentado en un banquito.
Nos marchamos en silencio.
La mujer le vendía pan a una chiquita, secándose la frente con el brazo.
Pedaleamos en silencio y nos separamos en la puerta de casa, Juan me palmeó la espalda. Yo quedé confundido.

Esos son mis recuerdos, por eso ante tu cara desfachatada y curiosa que espera mi respuesta sólo puedo decirte:
-¿Mi primera vez? Ya... sabés como son esas cosas.
Te hago un guiño y me escapo a la calle.



Dolores Fernández.










































































































lavo

























































































































































































parecido Susana Romero( la modelo de mis sueños).

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Unas veces me siento/ como pobre colina/ y otras como montaña de cumbres repetidas/ unas veces me siento /como un acantilado /y otras como un cielo /azul pero lejano...

De :Mario Benedetti

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